

Esto muchas veces significa cambiar de escenario, de rutina, de clima, de alimentación, etc.
EscenarioLos lugares montañosos son los que mas tenemos que tener cuidado, ya que a mayor altura existe menor concentración de oxigeno en el aire respirado. Sabemos que el oxigeno es lo que necesitan todos los tejidos y células para vivir. Al haber menos concentración de oxígeno se hace necesario un tiempo de adaptación para que el cuerpo entre nuevamente en equilibrio.
Ese tiempo variará fundamentalmente en proporción a la altura. Los primeros síntomas de desadaptación, aunque leves, se empiezan a notar a los 1500 metros por sobre el nivel del mar. Pero se hacen más notorios a los 2440 metros, sobretodo pasadas 6 a 24 horas de permanecer a dicha altura.
La sintomatología puede ir desde cansancio físico no habitual, cefaleas, embotamiento, mareos hasta la sensación de falta de aire y el desmayo. Estos últimos síntomas aparecen más frecuentemente a alturas más allá de los 4500 metros.
Siempre que uno planea ir a dichas alturas debe consultar con su médico para ver la posibilidad de ir, para conocer las medidas precautorias y para saber como estar alerta ante síntomas no habituales. Lo mejor para evitar el mal de las alturas y sus consecuencias es la prevención, tratando de ir adaptándose lentamente y haciendo el ascenso por etapas.
Muchas veces en la altura importante, puede aumentar la presión arterial. En el caso de las personas que tienen hipertensión arterial, además de mantener su dieta y medicación, convendría controlarse la presión arterial los 2 o 3 primeros días con algún profesional de la salud.
Con respecto a climas cálidos, tratar de mantenerse bien hidratados, ingiriendo la cantidad de líquido que su médico le indique de acuerdo a cada caso, no suspender la medicación por el mito que en lugares calurosos hay que suspenderla, salvo que su médico así se lo indique. También es un mito pensar que por el solo hecho de ir a lugares de mar la presión arterial suba.
La rutina
El hecho de cambiar la rutina hace que mucha gente que mantenía un ejercicio físico diario deje de hacerlo, lo cual implica una rápida desadaptación y al regreso de las vacaciones deben recomenzar desde el principio, con una etapa de por lo menos un mes de entrenamiento, realizando ejercicio físico aeróbico progresivo y constante.
En el otro extremo están todas aquellas personas que aprovechan el estar de vacaciones para hacer todo el ejercicio físico que puedan, pero lo cierto que la presencia de enfermedad cardiovascular y/o diabetes, hace imprescindible realizar un ejercicio lentamente progresivo, paulatino y constante, que deberá ser o no supervisado de acuerdo a la enfermedad que se trate.
El clima
Puede influir en las personas de diferentes maneras, pero si sus medicamentos los mantenían estables, no por cambiar de clima requiera necesariamente aumentar o disminuir la dosis de la medicación, salvo climas extremos, ante lo cual debe ser consultado su médico antes de partir.
La alimentación
Es una variable sumamente importante en la estabilidad de cualquier enfermedad cardiovascular. En esto hay que hacer hincapié en el sodio o sal de la dieta, en las grasas saturadas y en los hidratos de carbono en exceso.
Con respecto al sodio o sal hay que recordar que nuestro organismo no está de vacaciones de su enfermedad, sea esta hipertensión, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, etc. Por lo tanto, esto no debe olvidársenos en el momento de elegir una comida.
Recordar que no solo es la sal que agreguemos a las comidas, sino todos aquellos productos que la contienen y en épocas de vacaciones estamos mas expuestos, por tener mas tiempo libre, por estar con personas que no tienen esa limitación, porque la oferta es mayor y mas tentadora, y seguramente por muchos otros motivos.
Para hacer un simple repaso recordemos que los alimentos que contienen excesiva cantidad de sodio o sal son: fiambres, embutidos, quesos (salvo los sin sal), pan, facturas, bizcochos, enlatados, mayonesas, salsas, dulce de leche, empanadas, pizzas, etc.
La vestimenta
Obviamente ante climas extremos debemos estar bien equipados. En climas cálidos debemos usar ropas claras, de tela liviana y que permita la aireación de la piel. Si tenemos diabetes o enfermedad arterial de las piernas, debemos evitar caminar descalzos por la playa e inclusive tratar de usar zapatillas de neopreno para ir al agua de mar o río, todo esto es para evitar lastimaduras en los pies ya que podemos tener menor sensibilidad y no detectar un caracol, piedra o simplemente la arena caliente.
En la mayoría de las enfermedades cardiovasculares debemos evitar salir a hacer algún ejercicio, así como la caminata liviana, inmediatamente después de comer, requiriendo un tiempo prudencial de descanso. Debemos evitar caminar en los momentos de calor o frío intensos. Resguardarse del sol con pantallas solares y evitar el sol de las 11 a 15 hs aproximadamente.
En resumen, cuando salimos de vacaciones debemos tener los mismos recaudos que en la vida diaria. No debemos dejar nuestra medicación o modificar sus dosis sin antes consultar. Las enfermedades cardiovasculares son enfermedades crónicas y su tratamiento es igualmente crónico, es un tratamiento que no se toma vacaciones.
En lo posible mantener una misma rutina de ejercicios y caminatas como el médico nos lo había indicado. Mantener la misma calidad y cantidad de alimentos. Consultar, si fuera posible por eventuales transgresiones alimentarias, porque algunas veces no lo son.
Por eso sería ideal que antes de planear nuestras vacaciones, si conocemos tener una enfermedad cardiovascular o diabetes, sería conveniente consultar con nuestro médico y nuestra nutricionista para poder disfrutar sin riesgos de las mismas.
Dra Laura Brandani

Las enfermedades cardiovasculares son muchas, pero vamos a referirnos a grupos de enfermedades que tienen en común un cuidado especial en épocas de vacaciones.
