También en la salud, las mujeres tienen sello propio

La salud femenina se está transformando en un desafío constante que debe enfrentar la medicina.

Hasta no hace mucho, la salud parecía unisex ... Los huesos, el corazón, la piel y otros trastornos, como la obesidad, la incontinencia, las alteraciones del sueño o la intolerancia al dolor, parecían no diferenciarse entre hombres y mujeres. Sin embargo, cada vez más estudios desenmascaran síntomas y condiciones típicos de la población femenina, lo que deja muy en claro que la salud femenina se está transformando en un desafío constante.

Por ejemplo: por cada 100.000 mujeres de más de 50 años, ocurren alrededor de 298 fracturas de cadera por año, contra 117 entre los varones. Y esto lo confirman seis estudios epidemiológicos sobre la incidencia de problemas óseos según el sexo, realizados en la Argentina en los últimos dos años.

Sólo este dato pone en evidencia que la estructura ósea femenina es más débil, ya que el 50% de las mujeres mayores de 50 sufre una pérdida parcial de la densidad mineral ósea (osteopenia) y sólo una de cada cuatro transitará por la menopausia con un esqueleto sano.

En nuestro país, los principales problemas óseos con sello típicamente femenino son la osteoporosis y la artritis reumatoidea. La primera afecta a 1 de cada 3 mujeres mayores de 50 (casi un millón y medio de mujeres están en riesgo de sufrir una fractura por un traumatismo mínimo), contra 1 de cada 5 varones. Y la artritis reumatoidea ataca las articulaciones femeninas tres veces más que las masculinas, según datos de la Sociedad Argentina de Reumatología.

Pero las hormonas también influyen en las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de tolerar el dolor. Un estudio realizado en 2005 por investigadores de la Universidad de Bath, en Inglaterra, concluyó que ellas no sólo sienten dolor más fácilmente, sino que tienen menos capacidad de resistirlo que los varones por dos motivos, psicológico y hormonal. Las mujeres se concentran en los aspectos emocionales del dolor (lo que tiende a agravarlo), mientras que los hombres, en los factores físicos. Además, la maternidad las entrenaría de manera innata para reconocer y soportar el dolor.

Corazón de mujer

En los asuntos del corazón, las mujeres también son diferentes. No sólo la consulta con el cardiólogo es más tardía que entre los varones, lo que los expertos no se cansan de puntualizar para poder prevenir infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV), sino que también son propensas a subestimar sus dolencias.

El infarto, por ejemplo, no se presenta en ellas siempre con el clásico dolor opresivo en el medio del pecho, como sí lo hace en ellos, sino que lo hace a través de una sensación de cansancio, disconfort, angustia y otras señales confusas.

Según el Registro Nacional de Accidentes Cerebrovasculares (Renacer), de todos los pacientes que sufren un ACV en la Argentina, el 56% son hombres y el 44%, mujeres. De ellos, el 13% de los varones y el 8% de las mujeres tienen un infarto (cardíaco) previo.

Los dos principales factores de riesgo cardiovascular en las mujeres son el tabaquismo y el síndrome metabólico -combinación de glucemia alta, hipertensión, colesterol bueno (HDL) bajo, triglicéridos elevados y aumento de la circunferencia de cintura-. Tres de estos cinco elementos son suficientes para predecir un mayor riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular y diabetes.

Es por esto que, por ejemplo, cada vez cobra más fuerza predictiva la distribución de la grasa en el cuerpo. En particular, en la cintura. En 2005, la Federación Mundial de Diabetes recomendó para las mujeres una cintura por debajo de los 80 centímetros (90 para los varones) para reducir el riesgo de infarto, ACV y diabetes. Eso sí, los últimos estudios afirman que un mayor perímetro de cadera parece proteger más a las mujeres de la enfermedad cardiovascular.

En cuanto a los kilos de más, el estudio Obesity Index dio un respiro a las mujeres al dar a conocer que el sobrepeso y la obesidad son más frecuentes entre los varones (41%) que entre las mujeres (34%).

Más trabajo, más estrés

Con motivo de celebrarse hoy el Día Internacional de la Mujer, la Organización Internacional del Trabajo dio a conocer que en la última década se incorporaron al mercado laboral mundial 200 millones de mujeres. Es decir que las mujeres son el 40% de los trabajadores en el mundo, un dato no menor para la salud femenina, dado que la mujer suma a su trabajo el cuidado de la familia y del hogar.

Así, el estrés empezó a formar parte de las listas de factores de riesgo de enfermedades y condiciones con características femeninas, incluidas las alteraciones del sueño. En estudios que comparan los trastornos del dormir entre hombres y mujeres, se demostró que ellas son dos veces más frecuentes que en ellos debido a las alteraciones hormonales y a la privación del sueño por la gran cantidad de roles que la mujer cumple al mismo tiempo.

Y con el estrés, se instaló la depresión. Según un estudio realizado en los EE.UU., el 21% de las mujeres y el 13% de los hombres están en riesgo de sufrir un episodio de depresión a lo largo de sus vidas.

 

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción del
Diario LA NACION