

Según el Consejo Europeo de Información sobre Nutrición (EUFIC), las preferencias personales son la principal barrera para implementar hábitos alimentarios y estilo de vida más saludables.
En parte esto es debido a que la gente asocia la dieta sana a una dieta monótona, insípida e insuficiente.


A la mayoría de la población le resulta muy difícil aumentar el consumo de frutas y verduras, a pesar de que sus propiedades beneficiosas para la salud son ya bien conocidas por la mayoría. Algunos aspectos asociados a esto son el precio de estos alimentos, su preparación (tiempo que insume sumado a falta de conocimiento para utilizarlas en muchos casos) o la imposibilidad de encontrarlos “a la mano”, como en los lugares de trabajo, casas de comidas rápidas o al paso.
Por otra parte existen determinantes socio-económicos que influyen en la elección de los alimentos. Según EUFIC, “La influencia social sobre la ingesta de alimentos se refiere al impacto que una o más personas tienen sobre las conductas alimentarias de los otros, ya sea directa o indirectamente, en forma consciente o inconsciente”. Se desarrollan hábitos y actitudes a través de la relación con los otros (determinantes socio-culturales).
En lo referente al nivel económico, estudios poblacionales han demostrado que existe una clara diferencia entre los grupos de distintos ingresos relacionado a la ingesta de alimentos y nutrientes. Los grupos de bajo nivel de ingresos, en particular, tienen una mayor tendencia a ingerir dietas des-balanceadas y menores ingestas de frutas y verduras (1).
Ésto conduce por un lado a sub-nutrición (deficiencia de micronutrientes) y sobre-nutrición por otro (consumo de calorías en exceso que resultan en sobrepeso y obesidad) en los miembros de esa comunidad. Esto trae también, como desventaja, la aparición de enfermedades crónicas a edades más tempranas comparado con grupos de mayor nivel socio-económico, asociados a mejores niveles de educación y ocupación.
Ésto puede ser explicado por varios motivos, pero fundamentalmente, se identifican tres barreras para el consumo de dietas balanceadas saludables: costo, disponibilidad y conocimiento(2).
En resumen, los factores que influyen en la elección de los alimentos no están basados solamente en preferencias individuales, sino que están también existen factores sociales, culturales y económicos. El nivel de educación y de ingresos económicos determinan la elección de los alimentos y las conductas que en última instancia conducen a enfermedades relacionadas a la dieta. Así, se enfatiza reflexionar acerca de la relevancia de atender las necesidades sociales desde enfoques multidisciplinarios para mejorar las desigualdades que existen en la salud de las poblaciones.
Bioq. E. Marina Insani
Instituto Tecnología de Alimentos
Centro de Investigación de Agroindustria
Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias. Castelar
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria - INTA
Referencias bibliográficas
(1) De Irala-Estevez J.; Groth M.; Johansson L.; Oltersdorf U.; Prattala R. & Martinez-Gonzalez M. (2000) A systematic review of socioeconomic differences in food habits in Europe: consumption of fruit and vegetables. European Journal of Clinical Nutrition 54:706-714.
(2) Dibsdall L.; Lambert N.; Bobbin R.; Frewer L. (2003). Low-income consumers attitudes and behaviour towards access, availability and motivation to eat fruit and vegetables. Public Health Nutrition, 6(2):159-168.